
Prisionera del miedo
apacenté tus orugas.
En las ramas de la morera
vi sentencias y verdugos.
Presentí canciones
debajo de la infamia,
entonces recogí tu luz
mi más omnipotente seda.
Resides en mi corazón
asido a sus lámparas,
junto a sacros felinos
que mansos lo circundan.